El
Teatro de posguerra: Miguel Mihura
Sebastian Morales Soto
Matias Ferreira
Xavier Cuesta
Mario Sala
Jose Luis Luzuriaga
ÍNDICE
1.
El teatro de posguerra
2.
Características de la obra de la época
3.
Miguel Mihura
3.1
Biografia
3.2Obras
más importantes
4.Bibliografia
1.El
teatro de posguerra
La
crisis social y económica que sufre España en las décadas de 1940
y 1950 impone serias restricciones al teatro de la época: por un
lado, las infraestructuras están desmanteladas, por otro la censura
vigila cualquier manifestación que ponga en entredicho el “nuevo
orden” establecido. De ahí que la mayoría de las obras repitan
argumentos bastante manidos o se decanten por un humorismo facilón y
folklórico.
Sin
embargo, una serie de dramaturgos se empeñan en devolver al teatro
una función más comprometida con la realidad. Piensan que el teatro
(el arte en general) tiene la obligación de mostrar los conflictos y
contradicciones que afectan a la sociedad actual y al individuo
concreto que asiste a la representación, para generar procesos de
reflexión y cambio en el público y en su mundo.
En
esta imagen podemos apreciar el retrato
de
un caballero, Miguel Mihura, autor muy
importante
que colabora mucho en devolver al teatro
la
función que le pertenecia.
El tema de
lo que la Guerra Civil supuso para España y sus habitantes forma
parte de esta reflexión y está presente también en la novela y en
la poesía.
Pero no
todos los autores se enfrentan a la Realidad del mismo modo.
Hubo muchos
que en la década de 1960 cultivaron este tipo de teatro “social”
o de denuncia con argumentos y temas obligatoriamente referidos a la
realidad más inmediata, todavía condicionada por las consecuencias
de la guerra: las condiciones de vida de los “parias” (asociados
a menudo a la idea de derrotados) de la sociedad española, la
hipocresía e insolidaridad de las clases acomodadas (asociadas a la
idea de los vencedores), etc.
Paradójicamente,
estos autores apenas tuvieron repercusión en esa sociedad que
pretendían “sanear”, pero cuyos resortes de poder –que
incluyen la configuración del gusto dominante – les dieron siempre
la espalda.
Por último,
también a partir de los sesenta, y en paralelo a la evolución de la
narrativa y la progresiva atención a las novedades europeas, algunos
escritores prefirieron experimentar otras formas de teatro alejadas
deliberadamente del contexto social y más vinculadas a corrientes
vanguardistas como el “teatro del absurdo” o el surrealismo. Los
argumentos son a veces incoherentes y los personajes son arrastrados
por oscuras obsesiones irracionales. Habría que mencionar a
Francisco Nieva y a Fernando Arrabal como los más ilustres
representantes de esta tendencia, cuya presencia en los escenarios
resulta muy escasa.
Imagen
de Francisco Nieva, autor
representativo
del “teatro del absurdo”.
2.
Características
de la obra de la época
A
principios del siglo XX el teatro
español
continúa estancado. Sigue siendo un
teatro destinado a la burguesía, ofrecido por compañías de grandes
actores y actrices que complacen las exigencias de este público.
Las
obras, en su forma, continuadoras de la tradición española, pueden
considerarse posrománticas o neorrománticas, acompañadas por el
drama realista, el teatro poético, el sainete
y
la alta comedia
procedentes
de finales del siglo XIX. En cuanto a su fondo, están impregnadas
del compromiso político de sus autores.
Drama burgués anterior a la guerra
La
guerra civil española
provoca
el abandono de la normalidad en los espectáculos teatrales. Lo que
se representa durante la contienda bélica se carga de connotaciones
ideológicas y sirve, en la mayoría de los casos, como propaganda
ideológica
y parodia brutal y simplista de las posiciones contrarias. Su poca
consistencia artística se debe en gran medida a haber sido escrito
apresuradamente y a la peculiar situación de autores, público y
circuito teatral.
Los
diversos dramaturgos más importantes de la época obtienen notables
éxitos de público. Cómo por ejemplo Joaquín Calvo Sotelo, Luis
Escobar, Agustín de Foxá, Juan Ignacio Luca de Tena, Edgar Neville,
José María Pemán, entre otros muchos,los cuales se orientan hacia
los dramas trascendentes en los que se defienden los más rancios
valores tradicionales.
Hay
que precisar que, aunque en bastantes obras se exalten las viejas
glorias imperiales o a los vencedores en la Guerra Civil, el teatro
de orientación política fue menos abundante de lo que podría
esperarse.
Obra de Álvaro de la Iglesia, uno de los
destacados en el teatro de humor del
siglo XX.
El
teatro de humor de esta época tendrá sus mejores representantes en
Jardiel Poncela
y
en Miguel Mihura. En una línea más tradicional se inscriben Tono
Andreu, Álvaro de La Iglesia
y
Carlos
y
Jorge Llopis.
En
1949, con el estreno de Historia de una escalera, de Antonio Buero
Vallejo, fue cuando se inició un cambio importante en el teatro español.
3. Miguel Mihura
Miguel Mihura es un comediógrafo y humorista español a quien se debe la renovación del teatro cómico de la posguerra.
Miguel Mihura es un comediógrafo y humorista español a quien se debe la renovación del teatro cómico de la posguerra.
Sin
embargo, Mihura tiene una carga poética que no tienen los
cultivadores ultrapirenaicos del género; a pesar de los disparates
prodigados en el lenguaje, sus personajes conservan una
extraordinaria dosis de humanidad.
Retrato de Miguel Mihura, comediografo
y humorista español.
3.2
Biografia
Su
padre fue Miguel Mihura Álvarez. Fue un niño muy hipocondríaco y
sensible. El joven Mihura abandonó sus estudios para dedicarse al
humor y la historieta en revistas como Gutiérrez,
Macaco,Buen
Humor y
Muchas
Gracias.
Durante
los años veinte, trabajó como periodista: Son años de una cierta
bohemia,
de tertulias
en
los cafés, donde conocerá a importantes periodistas del género
humorístico como Tono,
Edgar
Nevilley
Enrique
Jardiel Poncela;
este último le influyó poderosamente en el estilo. Mihura fue uno
de los fundadores de las revistas humorísticas La
Ametralladora y
La
Codorniz.
Obra humorística de Miguel Mihura,
La Codorniz, la cual tuvo bastante éxito en su época
Aunque
empezó a escribir antes de la guerra, su reconocimiento fue tardío,
pues sólo estrenó con regularidad a partir de la década de los
cincuenta: en 1932
escribió
Tres
Sombreros de Copa,
que no publicó hasta 1947,
y no fue representada hasta 1952
(veinte
años después de ser escrita); se trata de una comedia considerada
como una de las obras maestras del teatro humorístico y que anticipa
algunos aspectos del Teatro
del absurdo;
en ella se enfrentan el mundo de las restricciones y
convencionalismos y el de la libertad y la imaginación, tema que
será constante en su obra.
Portada de la obra Tres sombreros de copa,
la obra teatral más importante de
Miguel Mihura.
Durante
la Guerra
Civil,
se refugió en San
Sebastián con
el bando nacional y militó en la Falange
Española.
Allí fue director de una revista de propaganda para los soldados del
frente. Más tarde, en 1941, esta revista se convertirá en La
Codorniz,
considerada como el estandarte paródico de las convenciones sociales
del momento, que Mihura dirigió entre 1941 y 1944.
En
1941 fundó La Codorniz, famosa revista semanal de la posguerra, que
dirigió hasta 1946. La revista se impuso por su comicidad nueva,
ilógica y surrealista que, con la denominación de "humor
codornicesco", caracterizó también la producción teatral del
autor. Mihura fue además guionista de más de veinticinco películas,
entre ellas Bienvenido Mr. Marshall, dirigida por Luis García
Berlanga en 1952.
Pero su verdadera vocación artística era el teatro, con el cual había tenido relación desde niño, por ser hijo de un actor, pero al que no se dedicó hasta mucho más tarde.
Portada de la revista que dirigía Miguel Mihura,
La Codorniz.
Su
primera comedia, Tres sombreros de copa, fue escrita en 1932, pero
sólo pudo ser representada veinte años después. Los motivos de
este rechazo van desde considerarla irrepresentable hasta la
indignación de un Valeriano León, que la juzga "la obra de un
demente". Hasta cierto punto, no ha de sorprender este rechazo
dentro de un panorama teatral español eminentemente conservador,
marcado por los límites moderados en las formas y en los contenidos
del modelo establecido por Jacinto Benavente. Si, en estos momentos,
la obra no deja de responder al tipo de humor, cercano al absurdo,
que está en boga en toda Europa (piénsese en Samuel Beckett o en
Eugène Ionesco), lo cierto es que, de haberse representado en 1932,
se habría adelantado, sin duda, a algunos de los resortes de este
nuevo teatro.
Se plantea la oposición que hay entre el mundo falso y sumamente estrecho de la burguesía de provincias y la libertad (quizá falsa también) de ese otro modo de vida que es el de las artistas, entregadas a la sorpresa de cada nuevo día.
Lo
verdaderamente nuevo en esta obra es el absurdo aparente de numerosas
situaciones y diálogos.
Finalmente, muere el 28 de Octubre del 1977, siendo uno de los mejores dramaturgos del siglo veinte.
Retrato de Miguel Mihura en su vejez,
unos años antes de fallecer siendo de los mejores dramaturgos
del siglo veinte.
3.2
Obras más importantes
Miguel
Mihura renovó el teatro cómico español con su facilidad para los
juegos semánticos y el enredo con algo de absurdo. En sus obras se
aprecia su intento por intentar ocultar el pesimismo y desencanto
con la sociedad. Anticipa el teatro del absurdo por las situaciones
ilógicas y la falta de coherencia en el discurso.
Mihura
también trabajó junto a su hermano para el cine. Su obra
comediográfica se clasifica en dos épocas:
-Primer
periodo (entre
1932 y 1946): predomina el enfrentamiento entre los protagonistas y
su entorno social. Tres
sombreros de copa,
y otras obras compuestas en colaboración con otros autores como;
Viva
lo imposible
o el
contable de estrellas (1939),
Ni
pobre ni rico, sino todo lo contrario (1943),
El
caso de la mujer asesinadita (1946).
-Segundo
periodo:
obras cómico-costumbristas, de corte policíaco y de enredo, con
títulos como Maribel
y la extraña familia (1959),
Ninette
y un señor de Murcia (1964).
En este periodo predomina el conflicto en las relaciones
doméstico-sentimentales entre el hombre y la mujer.
Obra de éxito escrita por Miguel
Mihura y Tono Andreu.
Su
humor absurdo se manifiesta en su primera obra teatral, “Tres
sombreros de copa” (1932), un texto que revoluciona el teatro
español. Tanta es su audacia que no consigue estrenarla hasta los
años 50.
En
los años 30 y hasta 1939 dirigió la revista “La Ametralladora”.
Unos años después, en 1941, creó y también dirigió la mítica
“La Codorniz”, en la que también escriben sus amigos Neville y
Tono.
En esta imagen se puede apreciar la portada de la obra teatral
más importante de Miguel Mihura, Tres sombreros de copa, y
al propio Miguel Mihura.
Junto
a Joaquín Calvo Sotelo redactó la obra teatral “¡Viva lo
imposible!” (1939), con Tono estrenó “Ni pobre ni rico, sino
todo lo contrario” (1943), y al lado de Álvaro de la Iglesia
escribió “El caso de la mujer asesinadita” (1946).
Obra teatral redactada por Miguel Mihura y
Joaquín Calvo Sotelo que tuvo bastante éxito en
su época.
En
1952 por fin se estrena “Tres sombreros de copa”, obra
protagonizada en su primera versión por Juanjo Menéndez, Gloria
Delgado y Agustín González que conseguiría ser galardonada con el
Premio Nacional de Teatro.
Posteriormente
Mihura publicó “El caso de la señora estupenda” (1953), “Una
mujer cualquiera” (1953), “A media luz los tres” (1953), “El
caso del señor vestido de violeta” (1954), “Sublime decisión”
(1955), “La canasta” (19559, “Mi adorado Juan” (1956),
“Carlota” (1957), “Melocotón en almíbar” (1958), “Maribel
y la extraña familia” (1959), obra por la que vuelve a lograr el
Premio Nacional de Teatro, “El chalet de madame Renard” (1961),
“Las entretenidas” (1962), “La bella Dorotea” (1963),
“Milagro en casa de los López” (1964), “Ninette y un señor de
Murcia” (1964), que ganó el premio Calderón de la Barca,
“Ninette, Modas de París” (1966), “La decente” (1967) y
“Sólo el amor y la luna traen fortuna” (1968).
Última obra de Miguel Mihura antes de retirarse
Tras
esta obra Miguel Mihura abandonó el mundo de la literatura. Cuatro
años después recibiría el premio Cortina de la Real Academia
Española.
4.Bibliografia