viernes, 4 de mayo de 2012


El Teatro de posguerra: Miguel Mihura




Sebastian Morales Soto

Matias Ferreira

Xavier Cuesta

Mario Sala

Jose Luis Luzuriaga







ÍNDICE




                          1. El teatro de posguerra


                          
                          2. Características de la obra de la época


                          
                          3. Miguel Mihura

                               3.1 Biografia

                               3.2Obras más importantes


                         
                          4.Bibliografia







1.El teatro de posguerra


La crisis social y económica que sufre España en las décadas de 1940 y 1950 impone serias restricciones al teatro de la época: por un lado, las infraestructuras están desmanteladas, por otro la censura vigila cualquier manifestación que ponga en entredicho el “nuevo orden” establecido. De ahí que la mayoría de las obras repitan argumentos bastante manidos o se decanten por un humorismo facilón y folklórico.
Sin embargo, una serie de dramaturgos se empeñan en devolver al teatro una función más comprometida con la realidad. Piensan que el teatro (el arte en general) tiene la obligación de mostrar los conflictos y contradicciones que afectan a la sociedad actual y al individuo concreto que asiste a la representación, para generar procesos de reflexión y cambio en el público y en su mundo. 


En esta imagen podemos apreciar el retrato
de un caballero, Miguel Mihura, autor muy
importante que colabora mucho en devolver al teatro
la función que le pertenecia.


El tema de lo que la Guerra Civil supuso para España y sus habitantes forma parte de esta reflexión y está presente también en la novela y en la poesía.
Pero no todos los autores se enfrentan a la Realidad del mismo modo.
Hubo muchos que en la década de 1960 cultivaron este tipo de teatro “social” o de denuncia con argumentos y temas obligatoriamente referidos a la realidad más inmediata, todavía condicionada por las consecuencias de la guerra: las condiciones de vida de los “parias” (asociados a menudo a la idea de derrotados) de la sociedad española, la hipocresía e insolidaridad de las clases acomodadas (asociadas a la idea de los vencedores), etc.

Paradójicamente, estos autores apenas tuvieron repercusión en esa sociedad que pretendían “sanear”, pero cuyos resortes de poder –que incluyen la configuración del gusto dominante – les dieron siempre la espalda.

Por último, también a partir de los sesenta, y en paralelo a la evolución de la narrativa y la progresiva atención a las novedades europeas, algunos escritores prefirieron experimentar otras formas de teatro alejadas deliberadamente del contexto social y más vinculadas a corrientes vanguardistas como el “teatro del absurdo” o el surrealismo. Los argumentos son a veces incoherentes y los personajes son arrastrados por oscuras obsesiones irracionales. Habría que mencionar a Francisco Nieva y a Fernando Arrabal como los más ilustres representantes de esta tendencia, cuya presencia en los escenarios resulta muy escasa.

Imagen de Francisco Nieva, autor
representativo del “teatro del absurdo”.







2. Características de la obra de la época



A principios del siglo XX el teatro español continúa estancado. Sigue siendo un teatro destinado a la burguesía, ofrecido por compañías de grandes actores y actrices que complacen las exigencias de este público.



Las obras, en su forma, continuadoras de la tradición española, pueden considerarse posrománticas o neorrománticas, acompañadas por el drama realista, el teatro poético, el sainete y la alta comedia procedentes de finales del siglo XIX. En cuanto a su fondo, están impregnadas del compromiso político de sus autores.



Drama burgués anterior a la guerra



La guerra civil española provoca el abandono de la normalidad en los espectáculos teatrales. Lo que se representa durante la contienda bélica se carga de connotaciones ideológicas y sirve, en la mayoría de los casos, como propaganda ideológica y parodia brutal y simplista de las posiciones contrarias. Su poca consistencia artística se debe en gran medida a haber sido escrito apresuradamente y a la peculiar situación de autores, público y circuito teatral.

Los diversos dramaturgos más importantes de la época obtienen notables éxitos de público. Cómo por ejemplo Joaquín Calvo Sotelo, Luis Escobar, Agustín de Foxá, Juan Ignacio Luca de Tena, Edgar Neville, José María Pemán, entre otros muchos,los cuales se orientan hacia los dramas trascendentes en los que se defienden los más rancios valores tradicionales.

Hay que precisar que, aunque en bastantes obras se exalten las viejas glorias imperiales o a los vencedores en la Guerra Civil, el teatro de orientación política fue menos abundante de lo que podría esperarse.

Obra de Álvaro de la Iglesia, uno de los
destacados en el teatro de humor del
siglo XX.

El teatro de humor de esta época tendrá sus mejores representantes en Jardiel Poncela y en Miguel Mihura. En una línea más tradicional se inscriben Tono Andreu, Álvaro de La Iglesia y Carlos y Jorge Llopis.

En 1949, con el estreno de Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, fue cuando se inició un cambio importante en el teatro español. 





3. Miguel Mihura
Miguel Mihura es un comediógrafo y humorista español a quien se debe la renovación del teatro cómico de la posguerra.

Sin embargo, Mihura tiene una carga poética que no tienen los cultivadores ultrapirenaicos del género; a pesar de los disparates prodigados en el lenguaje, sus personajes conservan una extraordinaria dosis de humanidad.


Retrato de Miguel Mihura, comediografo 
y humorista español.


3.2 Biografia

Su padre fue Miguel Mihura Álvarez. Fue un niño muy hipocondríaco y sensible. El joven Mihura abandonó sus estudios para dedicarse al humor y la historieta en revistas como Gutiérrez, Macaco,Buen Humor y Muchas Gracias.
Durante los años veinte, trabajó como periodista: Son años de una cierta bohemia, de tertulias en los cafés, donde conocerá a importantes periodistas del género humorístico como Tono, Edgar Nevilley Enrique Jardiel Poncela; este último le influyó poderosamente en el estilo. Mihura fue uno de los fundadores de las revistas humorísticas La Ametralladora y La Codorniz.



Obra humorística de Miguel Mihura,
La Codorniz, la cual tuvo bastante éxito en su época



Aunque empezó a escribir antes de la guerra, su reconocimiento fue tardío, pues sólo estrenó con regularidad a partir de la década de los cincuenta: en 1932 escribió Tres Sombreros de Copa, que no publicó hasta 1947, y no fue representada hasta 1952 (veinte años después de ser escrita); se trata de una comedia considerada como una de las obras maestras del teatro humorístico y que anticipa algunos aspectos del Teatro del absurdo; en ella se enfrentan el mundo de las restricciones y convencionalismos y el de la libertad y la imaginación, tema que será constante en su obra.


Portada de la obra Tres sombreros de copa,
la obra teatral más importante de
Miguel Mihura.



Durante la Guerra Civil, se refugió en San Sebastián con el bando nacional y militó en la Falange Española. Allí fue director de una revista de propaganda para los soldados del frente. Más tarde, en 1941, esta revista se convertirá en La Codorniz, considerada como el estandarte paródico de las convenciones sociales del momento, que Mihura dirigió entre 1941 y 1944.
En 1941 fundó La Codorniz, famosa revista semanal de la posguerra, que dirigió hasta 1946. La revista se impuso por su comicidad nueva, ilógica y surrealista que, con la denominación de "humor codornicesco", caracterizó también la producción teatral del autor. Mihura fue además guionista de más de veinticinco películas, entre ellas Bienvenido Mr. Marshall, dirigida por Luis García Berlanga en 1952.

Pero su verdadera vocación artística era el teatro, con el cual había tenido relación desde niño, por ser hijo de un actor, pero al que no se dedicó hasta mucho más tarde.


Portada de la revista que dirigía Miguel Mihura,
La Codorniz.


Su primera comedia, Tres sombreros de copa, fue escrita en 1932, pero sólo pudo ser representada veinte años después. Los motivos de este rechazo van desde considerarla irrepresentable hasta la indignación de un Valeriano León, que la juzga "la obra de un demente". Hasta cierto punto, no ha de sorprender este rechazo dentro de un panorama teatral español eminentemente conservador, marcado por los límites moderados en las formas y en los contenidos del modelo establecido por Jacinto Benavente. Si, en estos momentos, la obra no deja de responder al tipo de humor, cercano al absurdo, que está en boga en toda Europa (piénsese en Samuel Beckett o en Eugène Ionesco), lo cierto es que, de haberse representado en 1932, se habría adelantado, sin duda, a algunos de los resortes de este nuevo teatro.

Se plantea la oposición que hay entre el mundo falso y sumamente estrecho de la burguesía de provincias y la libertad (quizá falsa también) de ese otro modo de vida que es el de las artistas, entregadas a la sorpresa de cada nuevo día.
Lo verdaderamente nuevo en esta obra es el absurdo aparente de numerosas situaciones y diálogos.

Finalmente, muere el 28 de Octubre del 1977, siendo uno de los mejores dramaturgos del siglo veinte.


Retrato de Miguel Mihura en su vejez, 
unos años antes de fallecer siendo de los mejores dramaturgos
 del siglo veinte.



3.2 Obras más importantes

Miguel Mihura renovó el teatro cómico español con su facilidad para los juegos semánticos y el enredo con algo de absurdo. En sus obras se aprecia su intento por intentar ocultar el pesimismo y desencanto con la sociedad. Anticipa el teatro del absurdo por las situaciones ilógicas y la falta de coherencia en el discurso.
Mihura también trabajó junto a su hermano para el cine. Su obra comediográfica se clasifica en dos épocas:

-Primer periodo (entre 1932 y 1946): predomina el enfrentamiento entre los protagonistas y su entorno social. Tres sombreros de copa, y otras obras compuestas en colaboración con otros autores como; Viva lo imposible o el contable de estrellas (1939), Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario (1943), El caso de la mujer asesinadita (1946).

-Segundo periodo: obras cómico-costumbristas, de corte policíaco y de enredo, con títulos como Maribel y la extraña familia (1959), Ninette y un señor de Murcia (1964). En este periodo predomina el conflicto en las relaciones doméstico-sentimentales entre el hombre y la mujer.



                                                          Obra de éxito escrita por Miguel
                                                               Mihura y Tono Andreu. 




Su humor absurdo se manifiesta en su primera obra teatral, “Tres sombreros de copa” (1932), un texto que revoluciona el teatro español. Tanta es su audacia que no consigue estrenarla hasta los años 50.
En los años 30 y hasta 1939 dirigió la revista “La Ametralladora”. Unos años después, en 1941, creó y también dirigió la mítica “La Codorniz”, en la que también escriben sus amigos Neville y Tono.


                                   En esta imagen se puede apreciar la portada de la obra teatral
                                     más importante de Miguel Mihura, Tres sombreros de copa, y
                                                                 al propio Miguel Mihura. 

Junto a Joaquín Calvo Sotelo redactó la obra teatral “¡Viva lo imposible!” (1939), con Tono estrenó “Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario” (1943), y al lado de Álvaro de la Iglesia escribió “El caso de la mujer asesinadita” (1946).

Obra teatral redactada por Miguel Mihura y 
Joaquín Calvo Sotelo que tuvo bastante éxito en
su época.

En 1952 por fin se estrena “Tres sombreros de copa”, obra protagonizada en su primera versión por Juanjo Menéndez, Gloria Delgado y Agustín González que conseguiría ser galardonada con el Premio Nacional de Teatro.

Posteriormente Mihura publicó “El caso de la señora estupenda” (1953), “Una mujer cualquiera” (1953), “A media luz los tres” (1953), “El caso del señor vestido de violeta” (1954), “Sublime decisión” (1955), “La canasta” (19559, “Mi adorado Juan” (1956), “Carlota” (1957), “Melocotón en almíbar” (1958), “Maribel y la extraña familia” (1959), obra por la que vuelve a lograr el Premio Nacional de Teatro, “El chalet de madame Renard” (1961), “Las entretenidas” (1962), “La bella Dorotea” (1963), “Milagro en casa de los López” (1964), “Ninette y un señor de Murcia” (1964), que ganó el premio Calderón de la Barca, “Ninette, Modas de París” (1966), “La decente” (1967) y “Sólo el amor y la luna traen fortuna” (1968). 

Última obra de Miguel Mihura antes de retirarse